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viernes, 7 de julio de 2017

De comidas y aperitivos

La comida China debe ser de las más variadas del mundo debido, básicamente, a la extensión territorial del país. Cada región tiene sus particularidades, y aunque todos comen arroz, los condimentos son bien diferentes. Las cocinas chinas más populares son la de la región de ShanDong, ShangHai, HongKong, donde la comida tiende a ser más dulce, y la comida Sichuanesa. Esta última es la que yo tuve oportunidad de conocer más a fondo.

Los Sichuaneses están locos por el picante, y sus pimientos son los más famosos del mundo. Tal es su obsesión, que no existe en McDonald's una hamburguesa que no lleve picante. Durante el primer mes en China, nuestros estómagos sufrieron como nunca, y los cleenex nunca faltaron en nuestros bolsillos, en caso de urgencia.

Los chinos, como norma general, no toleran grandes porciones de carne. Su estómago no está acostumbrado, así que se limitan a comer costillitas, y en todo caso, carne de cordero. La razón yo la atribuyo al pasado del país, donde el exceso de población y la falta de recursos hacían de la vaca y el cerdo un bien muy caro. El problema que tienen los chinos no es con el sabor de la carne, sino con el efecto que tiene en sus estómagos, que es similar al que tenemos nosotros al comer picante.

Algunos de los platos más extendidos en China son estos:

- Jiaozi 饺子: tambien llamados dumplings. Rellenos de carne o verduras, se pueden cocinar de tres maneras diferentes: en sopa, al vapor o fritos. Los más extendidos son los hechos al vapor, ya que tienen la textura más agradable de todos.


- Baozi 包子: Los hay de diferentes tamaños, pero normalmente son grandes. Se trata de una masa de pan rellena de carne. Cuesta acostumbrarse al sabor de la masa, ya que no tiene sal, pero una vez acostumbrados son muy sabrosos. Algunos chinos los toman para el desayuno.


- Lamian 拉面: fideos hechos a mano. La pasta, originalmente, vino de China, y el método de preparación es de lo más interesante. El cocinero estira la masa una y otra vez, hasta que se convierte en un larguísimo y fino hilo de masa, para después cortarla y ponerla a hervir.


- Chaofan 炒饭 o Chaomian : arroz frito o tallarines fritos.  El típico "arroz tres delicias". Es el plato más sencillo y más extendido de la comida china. El arroz o los tallarines, previamente hervidos, se frien con un poco de aceite y se añade huevo, jamon, pollo, ternera, etc... es el plato diario de millones de chinos.


Y es que en China hay dos tipos de cocinas: el "restaurante" y el "comedor". Restaurante es aquel establecimiento normalmente lujoso y de precio relativamente elevado, donde una o más personas acuden para celebrar un evento, o como un evento en sí mismo. Los platos son mucho más elaborados y variados. El "comedor" surgió como idea para las personas sin cocina o nevera (todavía muchas). Hoy en día se ha ampliado su servicio para los transehúntes, quienes en el ajetreo del día a día optan por dirigirse a estos establecimientos para comer o cenar. Podemos ver desde gente trajeada hasta campesinos venidos del pueblo esa misma mañana, ya que muchas veces sale incluso más barato acudir a estos sitios que cocinar por tu cuenta. Por precios muy bajos, incluso para los chinos, podemos comer en cualquiera de estos comedores. Por ejemplo, una bandeja de jiaozi nos costaría 2.5 yuanes y un plato de DanChaoFan (arroz con huevo) unos 5 yuanes. En cuanto a la bebida, en China se considera que es malo beber agua fría durante las comidas, por lo que en todo comedor o restaurante se ofrece sopa caliente, bien hecha con ajos o incluso con el agua donde se hirvieron los Jiaozi.

                                                                  Ejemplo de 小吃, o comedor.

Beber agua caliente en las comidas nunca me gustó, pero cierto es que beber  agua caliente es uno de los remedios más extendidos en China. Desde un dolor de cabeza a un dolor menstrual, los chinos siempre recomendarán 热水, agua caliente, y funciona. No cura, pero alivia.

viernes, 6 de agosto de 2010

Diferencias entre Occidente y Oriente en imágenes

Aquí un post algo antiguo, pero vale la pena recuperarlo, es genial.  La autora se llama Yang Liu, y es una joven diseñadora china que reside en Berlín desde los 14 años. Estos dibujos pertenecen a una exposición suya de hace algun tiempo donde expresa algunas diferencias entre ambas culturas.

Modo de vida.
Individuo vs Colectivo.
Relaciones interpersonales.
De segundo o tercer grado vs Infinitas.
El Jefe o Líder.
"The king stay the king". Intocable.
Fiestas o reuniones.
Al igual que las relaciones interpersonales, los encuentros
 se realizan en grandes grupos.
El trato a los hijos.
La política de un sólo hijo hace al niño el eje de la familia.
El "yo" en la sociedad.
En China, el individuo sólo es una pequeña parte de la sociedad.
Tiene que ver con que son más de 1.300 millones, posiblemente.
El día a día de la tercera edad.
Papis y mamis están ocupados trabajando duro,
por lo que se encargan del niño durante el día.
Lo que está de moda.
Allí la gente intenta comer con cuchillo y tenedor,
aquí nos peleamos con los palillos.
A la hora de viajar...
De Japón a China, y ahora cada día más en Occidente.
Opinión.
"No es tan fácil opinar", que diría un chino
En el restaurante.
Antes, durante, y después de comer.
Nunca dan un respiro.
Haciendo "cola".
La auténtica locura. El más listo llega el primero,
da igual la edad, sexo, o cualquier otra cosa.
Refrescos.
Un poco tópico,. Allí la expresión "vamos a tomar algo"
significa "vamos a tomar el té", no una cerveza o un refresco.
Medios de transporte.
De millones de bicicletas a millones de coches en Oriente.
Occidente busca transporte no contaminante en las bicicletas.
El ideal de belleza.
Genial.
Aquí la gente paga por broncearse.
Allí compran paragüas para evitar el Sol.
El tiempo y el estado de ánimo.
"Al mal tiempo buena cara." Allí se cumple.

jueves, 29 de julio de 2010

La (a)sexualidad china

La fogosidad, el deseo, la pasión, son todos atributos muy instintivos, muy animales. Todas las culturas han sufrido influencias, o se han aprovechado, de los rasgos más característicos de los animales con los que han tenido que convivir. Es indiscutible que en el plano sexual sucede algo similar. En las narraciones de contenido erótico es habitual encontrar comparaciones o alegorías con situaciones o características del reino animal.


La situación china es bien peculiar. La China profunda y rural pocas veces ha visto en su entorno grandes grupos de animales juntos, y en consecuencia, pocos apareamientos. Y es que dentro de la vastísima expansión territorial de China, el 90% del territorio está dedicado exclusivamente a cultivos, y sólo un 2% está ocupado por pastos donde los animales pueden alimentarse libremente. El ganado en China es prácticamente inexistente.


El chino ha estado, históricamente, rodeado de vegetación. Dentro de los límites del país, cuentan con más de 70 millones de hectáreas de reservas naturales. Su alimentación prácticamente vegetariana, la pasión por los árboles (penzai o bonsais), sus impresionantes jardines y la medicina tradicional china basada en hierbas son claro ejemplo de esta fusión con la naturaleza.


Una de las novelas eróticas más populares es "Jin Ping Mei 金瓶梅", una novela censurada desde hace cinco siglos. Una de las descripciones de sus personajes dice así:


"Su pelo era negro como el plumaje del cuervo, sus cejas móviles como el martín pescador y curvas como la luna nueva. Sus ojos rasgados eran límpidos y fríos y sus labios de cereza... Su rostro poseía la delicada redondez de un cuenco de plata. En cuanto a su cuerpo, era leve como una flor y sus dedos tan delgados como los brotes tiernos de la cebolla. Su cintura era tan cimbreante y flexible como el sauce. Sus pies eran pequeños y estrechos..."




La pasión animal, la lujuria y el deseo, pasan a un segundo plano, quedando la descripción dominada por la asexualidad de las plantas, por su pasividad y su, digamos, frialdad. En la descripción está presente también la obsesión de los chinos por los pies pequeños, una de las mayores aberraciones de esta civilización. Lo más impactante de esa costumbre es que estuvo vigente hasta 1949, cuando Mao la prohibió y la persiguió. No pondré imágenes de pies vendados porque hiere sensibilidades, pero está accesible en la red para quien lo busque.


Existen, además, otros aspectos que han hecho a la sociedad china tan reservada, tan hermética con respecto al sexo. 

Mao Zedong


"El amor es menos útil que el estiércol."- Propaganda del PCC


Hoy en día es muy habitual ver manifestaciones amorosas entre los jóvenes, pero todavía existen en estas nuevas generaciones personas que rehúsan a expresarse y prefieren apagar sus emociones en público.

Esta frase fue utilizada como propaganda comunista cuando Mao accedió al poder en 1949. La obsesión maoísta por la productividad les llevó a pensar que el amor puede hacer perder el sentido de los deberes para con los otros, y olvidarse así del papel que cada uno tiene en la Revolución, ya que ¿cómo privilegiar al ser amado con nuestra atención y cuidados en perjuicio de cualquier otra persona? Este pensamiento de compromiso social sigue presente en algunas zonas de China.

En los últimos años la situación ha cambiado mucho, sobretodo en las grandes capitales, donde está teniendo lugar una Revolución Sexual sin precedentes. En las zonas rurales, sin embargo, esta Revolución no ha llegado a la totalidad de la población y las muestras afectivas en público no son muy habituales todavía.

domingo, 25 de julio de 2010

El hombre: el único animal que trabaja

Extraído de "La importancia de vivir"(生活的藝術), de Lin Yutang.

Lo más sorprendente que hay en el hombre es su ideal del trabajo, y la cantidad de trabajo que se impone a sí mismo, o que le ha impuesto la civilización. Toda la naturaleza se dedica a la holganza, y sólo el hombre trabaja por su sustento. Trabaja porque tiene que hacerlo, porque con el progreso de la civilización, la vida se hace más compleja, con deberes, responsabilidades, temores, inhibiciones y ambiciones, no nacidas de la naturaleza, sino de la sociedad humana.


Mientras estoy aquí sentado ante mi escritorio, una paloma vuela en torno al campanario de una iglesia, frente a mi ventana, sin preocuparse por lo que va a tener para el almuerzo. Sé que mi almuerzo es cosa más complicada que el de la paloma, y que los pocos artículos alimenticios que tomo afectan a miles de personas en su trabajo y un complicado sistema de cultivo, venta, transporte, entrega y preparación. Por eso es que cuesta más al hombre que a los animales conseguir comida.


La humanidad tiene sus ventajas, bien lo sé: los placeres del conocimiento, los deleites de la conversación y las alegrías de la imaginación como, por ejemplo, presenciar una obra de teatro. Pero sigue en pie el hecho esencial de que la vida humana se ha complicado en demasía, y la cuestión de alimentarnos, directa o indirectamente, ocupa mucho más del noventa por ciento de nuestras actividades humanas. La civilización es sobre todo el problema de obtener comida, y el progreso es ese camino que hace cada vez más difícil obtener la comida.


El peligro es que nos civilicemos en exceso y lleguemos al punto, como hemos llegado ya en verdad, de que obtener la comida sea tan penoso que perdamos el apetito en el proceso de conseguirla.


Cada vez que veo el horizonte de una ciudad me asusto. Al mirar hacia abajo, a la calle, veo una extensión de paredes grises, o de rojos ladrillos descoloridos, con ventanas pequeñas, oscuras y uniformes, en filas iguales, a medias abiertas y a medias ocultas por cortinas, y quizás en un alféizar una botella de leche y unas pocas macetas con enfermizas florecillas en otras. Al levantar la vista veo filas sobre filas de techos, millas de techos extendidos en feos contornos cuadrados hacia la distancia. más tanques de agua, más casas de ladrillos. Y la humanidad vive aquí. ¿Cómo vive cada familia detrás de esas sombrías ventanas?¿En qué trabajan para vivir? Es pasmoso. Detrás de cada dos o tres ventanas, una pareja va a la cama noche a noche, despiertan y toman el café matinal, y el marido sale a la calle, a buscar pan para la familia, mientras la esposa trata presistente de barrer el polvo y mantener limpio su lugarcito. A las cuatro o cinco de la tarde salen a sus umbrales para conversar con sus vecinos, para mirarlos y tomar un poco de aire fresco. Cae después la noche, están muertos de cansancio y otra vez van a dormir. ¡Y así viven!


Hay otras gentes, más acomodadas, que viven en mejores departamentos. Habitaciones más "artísticas", más hermosas pantallas en las luces. Tienen un poco más de espacio. ¡Alquilar un departamento de siete habitaciones, y no hablemos de poseerlo, se considera un lujo! Pero no implica más felicidad. Menos preocupación financiera y no tantas deudas en que pensar, es cierto. Pero, también, más complicaciones emocionales, más divorcios, más maridos que no vuelven a casa de noche, y más parejas que van a merodear juntas de noche, buscando alguna forma de disipación. La palabra es diversión. ¡Claro que necesitan una diversión de esas monótonas, esas uniformes paredes de ladrillos, y esos pulidos pisos de madera! Por consiguiente, más neurastenia, más aspirina, más enfermedades costosas, más colitis, apendicitis y dispepsia, más cerebros ablandados y más hígados endurecidos, más duodenos ulcerados e intestinos lacerados, estómagos sobrecargados y riñones excedidos, vejigas inflamadas y bazos maltratados, corazones dilatados y nervios destruidos, alta presión arterial, más diabetes, enfermedad de Bright, paludismo, insomnio, arteriosclerosis, hemorroides, fistulas, disentería crónica, constipación crónica, pérdida de apetito y cansancio de la vida. Para hacer perfecto el cuadro, más perros y menos niños. La cuestión de la felicidad depende enteramente de la cualidad y temperamento de los hombres y mujeres que viven en estos elegantes departamentos. Algunos tienen, por cierto, una linda vida; otros no. Pero, en conjunto, quizá sean menos felices que la gente trabajadora,; tienen más ennui y más tedio. De modo, pues, que la gente trabaja mucho en el campo para poder ir a la ciudad a fin de ganar suficiente dinero y volver otra vez al campo.


Y al dar un paseo por la ciudad vemos que detrás de la avenida principal, con salones de belleza, florerías y agencias de navegación, hay otra calle con droguerías, almacenes, ferreterías, peluquerías, lavaderos, restaurantes. Ambulamos durante una hora, y si estamos en una ciudad grande, no hemos salido de ella; sólo se ven más calles, más droguerías, almacenes, ferreterías, peluquerías, lavaderos y restaurantes. ¿Cómo se gana la vida esa gente? ¿Por qué ha venido aquí? Muy sencillo. Los lavanderos lavan la ropa de los peluqueros y mozos de restaurante, los mozos de restaurante atienden a los peluqueros y a los empleados del lavadero mientras comen, y los peluqueros cortan el cabello a los lavanderos y camareros. Esto es la civilización. ¿No es asombroso? Apostaría a que algunos de los lavanderos, peluqueros y camareros jamás se aventuran diez cuadras más allá del lugar donde trabajan la vida entera. Gracias a Dios que tienen por lo menos el cinematógrafo, donde pueden ver pájaros cantar y árboles que crecen y se mueven en la pantalla. Turquía, Egipto, los montes Himalayas, los Andes, tormentas, naufragios, ceremonias de coronación, hormigas, orugas, ratas almizcleras, una lucha entre lagartos y escorpiones, colinas, olas, arenas, nubes y hasta la luna: ¡todo en la pantalla!


¡Cuán inescrutable es la civilización en que los hombres laboran y trabajan y se preocupan hasta encarnecer, por conseguir el sustento y se olvidan de jugar!


Concluyo con una frase sobre Laoze:

Laoze ha sido falsamente acusado de ser hostil a la vida; por el contrario, creo que enseñó a renunciar a la vida del mundo precisamente porque amaba con tanta ternura a la vida que no podía admitir que el arte de vivir degenerara en el simple negocio de vivir.